La tarde está cayendo, el crepúsculo se enciende como lámpara para que la noche se alumbre antes de acostarse. Ya duerme la noche; lo que hiciste o dejaste de hacer en el día hace la cama donde yacen los recuerdos; porque cada segundo, minuto, horas no se repite nunca, ahora ya es pasado –recuerdo- olvido-. Oportuno es reflexionar: ¿Qué dejaste de hacer por apatía u omisión? ¿Viste realizado algún proyecto que con fe entregaste al control de la voluntad de Dios? ¿Qué mensaje o lección positiva te dejó el día…? Ahora bien, si nada de esto hiciste no te culpes, no hay espacio para la nostalgia, mañana es otro día y es de redención y gozo. No obstante, evita juzgar las debilidades en tu hermano, inhíbete enrostrarle el error culposo a otros. Rectifica –sanar- la mente y serán positivos tus pensamientos; deja por demás que todo fluya en amor; simplifica y evita el stress que te agobia, relájate, descansa y sostente en las manos con Jesús, recuerda que es el guía y hace expedito el sendero que lleva al encuentro con el Padre-Dios; como también, el farol que señala el puerto en donde debe desembarcar la nave cargada de realizaciones. Ora al acostarte, y por sobretodo da las gracias a Dios por crearte hijo dilecto de su amor divino. ¡Que tengas feliz noche! Donde se vierta las bendiciones desde el corazón de nuestro Dios. Y recuerdas: “No hay obscuridad-ignorancia- que no sucumba o se disipe con la presión de la luz divina en un amanecer claro con Cristo…”"
¡Atardecer!
Por Lesbia Gómez Suero
